HACIA EL HOMBRE DEL SIGLO XXI
De los distintos aspectos de la vida del hombre, el educativo es el que
más exige, en las sociedades en proceso de cambio, un verdadero esfuerzo de
imaginación y de anticipación. La educación tiende siempre a reproducir
esquemas y actitudes recibidas en el pasado, por tanto no es difícil darse
cuenta de que los profesores de hoy fueron formados por maestros cuyas ideas
básicas descansaban en las de los maestros y escuelas del siglo XIX. Esta lenta
sucesión de influencias generacionales, que asimismo asegura una pausada
transformación, correspondía a unas sociedades esencialmente estables. En
cambio, las de nuestra época viven sometidas a unas leyes de transformación
vertiginosas. Estos hombres y mujeres formados a la sombra de conquistas
técnicas e ideológicas del siglo pasado tienen que vivir su propia época, muy
distinta de la de sus maestros, pero, sobre todo, deberán formar a los hombres
y las mujeres que tendrán treinta años a principios del siglo XXI, para vivir
en el seno de unas realidades sociales, tecnológicas, políticas y económicas
que nos es difícil prever, pero que sabemos serán esencialmente distintas a las
de hoy. A este desafío, uno de los más serios que han conocido los tiempos,
están llamados los maestros y maestras actuales. El aspecto meramente
cuantitativo de la tarea exigirá, como hemos visto ya, grandes esfuerzos para
imaginar nuevos modelos educativos, para elaborar estrategias de formación no
ensayadas hasta ahora. No se tratará únicamente de multiplicar las
instituciones y medios educativos, de asegurar la presencia de miles de
profesionales que contribuyan a la utilización óptima de estas redes e
instituciones educativas, sino de modificar cualitativamente esta formación
para hacer que la persona sea capaz de autoformación, es decir, de elección
crítica entre los centenares de combinaciones posibles que le ofrecerán las
potencialidades educativas que aparecerán a su servicio y le permitirán
conseguir la plena realización de su ser.
Quizá sea posible insinuar algunas de las líneas esenciales de esta
educación del siglo XXI. Pero no pueden ser más que orientaciones muy
generales, tal y como parecen perfilarse entre la multitud de conflictos y de
esperanzas que agitan actualmente el universo educativo. Deberá haber, sin
duda, un período de escuela básica para todos que proporcionará conocimientos
fundamentales, es decir, instrumentales. Sin distinción de sexos ni de clases,
este período, que empezará pronto, pero que en el plano puramente escolar quizá
durará menos de lo que actualmente imaginamos, es una condición de la
democratización de la sociedad.
La ligazón permanente, concreta, con la vida sólo podrá asegurarse
mediante el contacto real del adolescente con el mundo del trabajo. En la
actualidad, la escuela queda excesivamente separada de esta fundamental
realidad del hombre, la cual ha asegurado durante siglos la esencial formación
educativa. El "aprendizaje", es decir, la relación directa con la
vida, el contacto con el mundo de los adultos, fue antes de la escolarización,
o sea, hasta fines del siglo XVIII, el verdadero medio educativo donde se
transmitían valores, destrezas y conocimientos. La escolarización separó a los
niños del mundo adulto, pero les apartó brutalmente, encerrándoles aparte, sin
permitir a veces el mínimo contacto, salvo con el grupo familiar. La extensión
actual "por arriba" de los "años escolares" acentúa esta
separación y, posiblemente, es la causa del grave malestar existente entre los
adolescentes de nuestra época. A los dieciocho años, el joven tiene ya en muchos
países los derechos de ciudadano, y es consciente de los valores políticos y
sociales; sobre todo, es solicitado constantemente en el terreno del consumo y
debe hacer frente a grandes exigencias económicas, iguales o superiores a las
del adulto. Sin embargo, su status social se halla en contradicción con todas
estas realidades. No hay duda de que esta situación, por sí misma, engendra
conflictos. En todo caso, es cierto que las crisis de "oposición
generacional", a menudo meramente negativa, encuentra en los ambientes
estudiantiles un clima muy distinto del que se establece en los medios de
jóvenes trabajadores, donde quizá no aparecen determinados aspectos
"teatrales" e infecundos del conflicto.
Sea como fuere, lo cierto es que los distintos aspectos de la vida
social deben ser vividos por los adolescentes en su dimensión real, la del
trabajo productivo. Sólo así se integrarán auténticamente. Por otro lado, la
radical separación entre las tareas intelectuales y manuales quizá pueda
atenuarse también por este medio, es decir, situando al joven más rápidamente
en contacto con el mundo de la producción. Asimismo, será posible asegurar una
mejor orientación hacia las tareas profesionales futuras, que no sólo serán
imaginadas o descritas (cuando lo son), sino directamente vividas,
alternándolas con los últimos años de la escolaridad media.
La educación del carácter, es decir, la conquista del propio juicio y la
elección del propio sistema de valores capaz de afirmarse en el seno del grupo,
desarrollando el espíritu crítico y asegurando el sentido de responsabilidad en
el interior de la comunidad democrática, será también seguramente un aspecto
básico de la educación del mañana. La búsqueda de nuevas soluciones a los
múltiples conflictos que acucian la vida de los hombres, la afirmación de unos
ideales morales de justicia y de libertad que el joven siente como realidades
absolutas, liberadas de todo compromiso, deberán contrastarse constantemente
con los hechos sociales, políticos y económicos para contribuir a su
transformación: la presencia de los jóvenes en la vida política, sindical y
social -que ha empezado ya con la proclamación de los derechos ciudadanos a los
18 años-, aún se desarrollará más ampliamente.
La adquisición de métodos de trabajo personal, el conocimiento del
propio ritmo de trabajo, de los propios gustos y tendencias para conjugarlos
con los de los otros miembros del grupo social en la realización de obras
comunes, será seguramente una de las exigencias de la nueva educación.
Deberá fomentarse la educación artística, la adquisición de los
distintos lenguajes que utiliza la expresión estética, no sólo para facilitar
el contacto con las obras de arte, sino, sobre todo, la propia expresión. Habrá
que desarrollar la conquista del tiempo libre, una de las fundamentales de la
sociedad actual. El hombre de 1870 trabajaba unas 4.000 horas por año; hoy, en
muchos países, la media anual es de 2.000 horas. Al mismo tiempo, la esperanza
de vida humana, que por aquel entonces era de cuarenta años, en la actualidad
es de setenta. Pero, la expansión y desarrollo técnico tienen un precio muy
caro. Ejemplo de ello es la destrucción de las bellezas naturales que acompaña
a menudo a la creación de medios ambientes artificiales. La gran urbe es uno de
éstos, y en ella la fealdad y el desorden amontonado muchas veces sólo invitan
a huir o a encerrarse. ¿Para qué vivir más tiempo en una vida degradada? ¿Para
qué tener más tiempo libre si se pierde en los desplazamientos, en el ir y
venir entre "la muchedumbre solidaria", en las fatigas de las
aglomeraciones, donde millones de hombres viven y vivirán sin conocerse ni
estimarse? El problema de la calidad de la vida sólo podrá resolverse con unas
generaciones que conozcan el valor del progreso material para todos -que está muy
lejos de haber agotado sus posibilidades para satisfacer las necesidades de
grandes masas que todavía viven en la Edad Media-, pero que sepan armonizarlo
con las exigencias de un cuadro de vida más bello y que también sea para todos.
Más allá de este planteamiento -pero ya presente hoy como una gran
amenaza- está la posible destrucción del medio natural. Los dos enfoques
aparecen unidos y. en la actualidad, la sensibilización juvenil en este tema
exige una toma de posición de los adultos, reclama una "educación
ecológica".
La educación física también ha sido a menudo olvidada en este siglo XX.
preocupado esencialmente por el desarrollo técnico e individual. El hombre de
hoy compensa este olvido gracias al espectáculo de competiciones deportivas en
las que las masas de individuos se identifican con las hazañas de una
pequeñísima minoría de atletas. La conquista del propio cuerpo, el desarrolló
corporal armonioso, el equilibrio y la formación de la persona es incompatible
con un sistema que acepta tales compensaciones. Al contrario, todo ello exige
el cultivo de las propias posibilidades que hoy, en las escuelas, a menudo son
sacrificadas a las exigencias de una escolaridad deformada y mostrenca.
Finalmente, durante el período de escolarización, que querrá mantenerse
abierto al mundo exterior, modificando la arquitectura escolar, transformando
locales y. probablemente, utilizando también como "lugares de clase"
aquellos donde los hombres trabajan, piensan y gozan, se procurará ayudar al
joven a que se labre su propio perfil educativo, su personal planteamiento
formativo. Habrá sin duda, lo hemos dicho ya, materias comunes obligatorias
para todos, pero muy pronto un sistema de opciones diversas, libremente
escogidas, junto con diversas actividades para- y extraescolares. Contribuirán
al cultivo de la propia formación, que utilizará plenamente las redes de
información cultural que actualmente rodean ya plenamente al joven y al
adolescente. La escuela, en vez de ignorar estos medios, sabrá acogerlos,
integrarlos y criticarlos, y desarrollará el espíritu de reflexión personal
para que el hombre o la mujer, a lo largo de su existencia, sepan escoger entre
las diversas posibilidades que se les ofrecen y que por el momento les son
también casi impuestas.
El proceso educativo del hombre entró hace 1 50 años en una etapa de
desarrollo caracterizada por una escolarización cada vez más intensa. Al
extenderse de repente, este desarrollo plantea los grandes problemas que hemos
intentado examinar. Una nueva orientación del proceso educativo, más armónico y
más plenamente inscrito en la vida social, y capaz de perdurar toda la vida.
Será, sin duda, la consecuencia de la explosión educativa, fenómeno básico de
la segunda mitad del siglo XX.
Hacia Una Revolución Educativa
Autor: Sena
Fecha de publicación: 1982-11
Editorial: SENA
Temas: Educación
Descripción:
Revolución
educativa en Colombia. Edición original: Bogotá, Noviembre de 1982, Edición en
la biblioteca virtual: Bogotá 28 de Mayo de 2007
Consultado: 28 de septiembre de 2015
HABILIDADES DEL
PROFESIONAL DEL SIGLO XXI
L
Los nuevos
profesionales deben reunir una serie de características, habilidades y
experiencia para lograr un espacio u oportunidad en esta sociedad de la
información, el conocimiento y del talento humano.
El profesional del
siglo 21, sin importar su radio de acción, debe poseer un conjunto de
características y potencialidades tales como:
Comunicación
Liderazgos
Visión sistémica
Trabajo en equipo
Conocimiento en las Nuevas Prácticas Tecnológicas y de Gestión
Empatía- Sinergia.
Aprendizaje.
Motivación
Negociador- Diplomacia Efectiva
Aprendizaje Continuo y Situacional.
Ética – valores
La nueva sociedad de
la información, conocimiento y del talento humano, lo que más resalta es el
valor del conocimiento, tanto tácito como explícito, las organizaciones
inteligentes desarrollan estrategias efectivas para captar a los mejores con el
objetivo de fortalecerse y hacerse más competitivas para posicionarse de forma
efectiva en este mundo de la globalización.
La nueva realidad
competitiva exige a las organizaciones y empresas del mundo, nuevas maneras de
pensar acerca de cómo actuar en los negocios y como debe ser las competencias
de los profesionales porque los desafíos son cada día más dialécticos y menos
indescifrables.
Como plantea Peter
Drucker: “el saber es hoy el único recurso significativo. Los tradicionales
factores de producción (suelos, recursos naturales, mano de obra y el capital)
se han convertido en secundarios porque en esta nueva era todo recae sobre el
conocimiento, esto es conocido por este especialista como la revolución del
conocimiento o el saber.
Los retos de los
nuevos profesionales en el siglo 21 abarcaran múltiples facetas de esta
realidad dinámica y cambiante. Esta realidad ha producido una gran preocupación
en todos los niveles y en particular en las universidades, donde hace más de
una década se han iniciado profundos cambios en los diseños curriculares,
evaluación de los docentes y de las estrategias de enseñanzas esto con el
objetivo de producir profesionales con las competencias necesarias y las
demandas por las organizaciones y/o empresas de la nueva economía.
LAS 8 HABILIDADES DEL
TRABAJADOR MODERNO
Sin ánimos de
pretender abarcar el conocimiento filosófico y trascendental de Jesús de
Nazaret, cuyas palabras y verdades se mantienen inmutables en el tiempo, es
posible extrapolar las bienaventuranzas del Sermón del Monte al campo laboral y
describir en ocho afirmaciones las competencias que, en líneas generales,
habrán de poseer los profesionales actuales.
Las 8
bienaventuranzas laborales no sólo señalan la competencia que ha de poseer el
talento humano en el presente y en ese futuro inmediato que aguarda, sino que
se atreven a establecer los beneficios que redundarán en las personas que las
muestren. Estas son:
1. Dichosos los que
hablan más de un idioma, porque ellos se conectarán con el mundo
Hoy en día el profesional
debe tener una mentalidad multicultural de amplio espectro y esto responde a
que sencillamente se está en presencia de un mundo sin fronteras, exige poderse
desdoblar en cualquier escenario y destacarse como un ente capaz de generar
empatía con sus interlocutores.
En este mundo
globalizado y es por ello que cada día existen más profesionales aprendiendo
idiomas como el japonés, inglés, francés, ruso y alemán, a la par de que sus
representantes estudian el español, el portugués y el italiano, para nombrar
algunos.
Un profesional
completo es aquel que desarrolla en su totalidad las competencias que posee y
entiende que mientras más se comunique y mejor lo haga mayor posibilidad tendrá
de éxito.
2. Dichosos los que
conocen de programas y sistemas, porque nunca les faltará una herramienta.
Cuando se comenzó a
hablar del homo ciberneticus en la década de los noventa en el siglo XX pudo
haberse mal interpretado el concepto asociado a tal expresión, pues no se
trataba de una generación eminentemente tecnológica que destronaría la visión
analógica que impera en la sociedad transformando en obsoleto todo lo antes
conocido.
Pero parece no
haberse comprendido en su totalidad la necesidad de profundizar en el
conocimiento tecnológico, algunas empresas se orientan a desarrollar sólo
habilidades en el manejo de hojas de cálculo, procesadores de palabras y
formatos de presentaciones electrónicas para buena parte de su personal, pero
desestiman la posibilidad de incrementar la participación del mismo en jornadas
técnicas que los preparen para la programación y el desarrollo de sistemas,
obviando el principio de gerenciar el uso de la tecnología que propone la
Cybergerencia, la cual supone que el uso de los sistemas no es exclusivo de un
grupo de individuos sino de todo el entorno.
El profesional
contemporáneo debe estar a la altura del conocimiento tecnológico sin que se
entienda por ello que ha de poseer un nivel de experto, pero así como se exige
conocer de principios contables y financieros para manejar un negocio, a la par
del mercadeo y la publicidad, conocer de sistemas, tanto los pasados como los
presentes y estar atentos a los futuros, le ofrecerá un sitial de honor que lo
diferenciará de aquellos que se resisten a avanzar y de quienes consideran que
conocer el origen de las cosas es una pérdida de tiempo.
3. Dichosos los que
valoran a la gente, porque ellos serán lideres
Tal y como se propuso
en el Congreso Mundial de Recursos Humanos en México celebrado en el año 2002,
la visión que han de desarrollar las empresas deberá estar orientada a “volver
a la gente” y ello significa el otorgamiento de toda la importancia y el valor que
ella posee. Sencillamente sin gente no hay empresa.
Es por ello que
aquellos profesionales que desarrollen una sensibilidad verdadera por este
concepto, se inclinen a buscar el beneficio de las personas, sin que ello
signifique sacrificios exagerados en el manejo del negocio y sepan manejar las
competencias y habilidades de la gente para permitirles intervenir en el
destino de las organizaciones, terminarán por ser considerados verdaderos
líderes circunstanciales y su influencia en el personal generará verdaderos
resultados extraordinarios.
4. Dichosos los que
tienen conocimiento, experiencia y agregan valor, porque siempre estarán
ocupados
El futuro (inmediato)
será dominado por aquellos que manejen el conocimiento desde una perspectiva
holística, individuos cuya capacidad de multihabilidad y sapiencia les
permitirá moverse de un escenario a otro garantizando la calidad del producto o
del servicio y sin perder la capacidad de innovar.
Este talento humano
conocerá lo necesario de todo aquello que está involucrado con su quehacer sin
que sea etiquetado como “aquel que hace de todo” pues su experticia estará
orientada a una visión específica.
5. Dichosos los que
tienen sed de sabiduría, porque nunca serán obsoletos
Cada día se hará más
necesario la certificación del conocimiento, no solo de la manera tradicional,
a través de los estudios académicos, sino que comenzarán a intervenir de manera
directa las organizaciones o colegios existentes en cada ramo, e incluso de
forma conexa, pues como ya se señaló los profesionales habrán de incursionar en
aquellas áreas relacionadas con su especialidad y por ende habrán de ser
certificados en ellas con el mismo nivel de exigencia.
En tal sentido todas
aquellas personas que constantemente renueven o profundicen sus conocimientos
serán los primeros en obtener y mantener la certificación profesional que los
mantendrá actualizados y atractivos para el mercado, sin importar las
limitaciones subjetivas presentes en la selección actual, pues para el mundo
laboral jamás serán obsoletos.
6. Dichosos los que
aprenden de sus errores, porque serán llamados expertos
Administrar los
errores será una ventaja competitiva y comparativa para el profesional del
nuevo milenio.
El error comenzará a
ser visto como una experiencia que exige la puesta en marcha de varias
competencias gerenciales: reflexión, capacidad de respuesta, toma de
decisiones, planeación inmediata y sensibilidad al riesgo, las cuales
difícilmente serán experimentadas con la misma intensidad cuando sólo se ha
conocido el éxito.
7. Dichosos los que
aceptan los cambios, porque serán siempre pioneros
La habilidad de
mantenerse a flote ante las diferentes oleadas que experimentará el profesional
del siglo XXI y los siglos venideros, será una competencia envidiable e
imitable por la gran mayoría.
Ser pionero es
aceptar el reto de la incertidumbre, y el cambio es el resultado de la
incertidumbre y viceversa, por ello serán dichosos aquellos que observen con
agrado la presencia del cambio, porque serán exitosos en cualquier escenario.
8. Dichosos los que
rompen paradigmas, porque construirán un mañana mejor
Aceptar las reglas
del juego no significa compartirlas, a veces hay que aprender lo suficiente
sobre una regla para poder tener la fortaleza de romperla.
Gracias a aquellos
que se han atrevido a decir, hacer y desarrollar lo que ponía en peligro el
status que es como se han logrado avances significativos en las ciencias, las
artes, las sociedades y las culturas.
Pero romper un
paradigma amerita de responsabilidad y criterio. No se puede alterar una regla
por simple capricho o mera distracción, pues la onda expansiva que genera un
cambio en la visión de las cosas puede crear barreras ideológicas que generen
mucho daño o expresiones de libertinaje que terminan por desequilibrar un sistema.
Los paradigmas se
rompen para avanzar en la escala evolutiva del pensamiento y la acción, se sabe
que se ha hecho lo correcto cuando el resultado de la alteración genera
bienestar en quienes lo experimentan sin distingo alguno de condición, de lo
contrario no se ha roto un paradigma sino que se ha relajado una regla.
El mundo laboral en
que se vive actualmente se irá sincronizando de manera perfecta con la vida
social del ser humano, esta relación de equilibrio constante requerirá de
personas capaces de observar los paradigmas como escalones evolutivos cuya
superación generará un estado superior y por ende desaparecerán los elementos
que hacen imperfecto y cuestionable el orden presente, es por ello que serán
dichosos los que de manera consciente y responsable propongan innovadoras
formas de observar, vivir y afrontar el futuro (inmediato) porque demostrarán
que ese mañana lleno de caos y destrucción que se suele imaginar estará muy
distante de lo que el hombre ha de construir.
http://www.gestiopolis.com/8-habilidades-trabajador-moderno/
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